¡Muy buenas!👋¿Alguna vez te has preguntado por qué en algunos espacios te sientes cómodo, concentrado y tranquilo, mientras que en otros aparece el agobio o la desconexión casi de inmediato? Esta fue la cuestión que dio sentido a la última clase, en la que mi grupo y yo realizamos la presentación teórica sobre neuroarquitectura. Para introducir el tema, partimos de una situación real y cotidiana que utilizamos como hilo conductor y que se reflejaba en el vídeo inicial: la elección de una sala de estudio en la biblioteca de la facultad y cómo, casi de manera automática, preferimos espacios amplios frente a otros más reducidos por las sensaciones que nos generan.
Figura 1. ¿Y tú, qué sitio eliges?
CUANDO EL AULA TAMBIÉN EDUCA
Desde el inicio tuvimos claro que la neuroarquitectura no podía explicarse únicamente a través de definiciones. Por ello, la presentación se apoyó en experiencias diarias, sensaciones compartidas y vivencias relacionadas con los principios que íbamos exponiendo. Introdujimos la neuroarquitectura como la disciplina que surge de la unión entre arquitectura y neurociencia y que analiza cómo los espacios influyen en el cerebro, las emociones y la conducta humana (Mendoza, 2023; citado en Loor y Sánchez, 2025). A lo largo del desarrollo abordamos la relación entre espacio y emoción, su evolución histórica y algunos referentes clave, para centrarnos después en los principios aplicados al aula: iluminación, color, acústica, temperatura, materiales y presencia de elementos naturales.
Antes de profundizar en estos principios, realizamos una lluvia de ideas mediante
Mentimeter, donde las compañeras compartieron las emociones que les generaban distintos tipos de aulas. Esta actividad permitió partir de los conocimientos intuitivos del grupo y evidenciar que todos percibimos emocionalmente los espacios que habitamos. Además, contamos con la participación de la profesora universitaria
María Elena Martín Pastor, quien aportó su visión sobre la aplicación de la neuroarquitectura en educación, conectando la teoría con la realidad del aula y reforzando la idea de que el diseño del espacio es una decisión pedagógica. Uno de los mensajes clave fue que estos principios no deben estandarizarse: no existen aulas ideales, sino contextos concretos con necesidades específicas. Cada espacio comunica y condiciona las respuestas emocionales de quienes lo habitan.
Figura 2. Vídeo entrevista a María Elena Martín Pastor (Universidad de Salamanca)
Tras la parte teórica, se llevó a cabo una actividad práctica en la que las compañeras dibujaron su aula ideal aplicando los conocimientos adquiridos. Los resultados se compartieron en Goosechase, lo que permitió observar la diversidad de propuestas y comprobar cómo un mismo contenido puede dar lugar a interpretaciones espaciales muy distintas.
Figura 3. Resultados actividad práctica
MI EXPERIENCIA CON EL ESPACIO COMO ALIADO DEL APRENDIZAJE
Más allá del contenido, esta experiencia ha cambiado mi forma de entender el aula. He podido comprobar que el espacio educativo nunca es neutro: influye en la atención, la motivación, el bienestar emocional y, en consecuencia, en el aprendizaje. El aula interactúa de manera constante con el alumnado. Por ello, una de las conclusiones más relevantes es que, aunque no siempre podamos elegir el espacio físico, sí podemos transformarlo a través de pequeñas decisiones: reorganizar el mobiliario, cuidar la iluminación o crear zonas diferenciadas puede reducir el estrés y favorecer la participación. Desde esta perspectiva, el espacio se convierte en un recurso pedagógico y en un tercer educador.
Este trabajo también invita a repensar el papel del docente, no solo como transmisor de contenidos, sino como diseñador de experiencias de aprendizaje. Cada decisión espacial implica una intención educativa. En conclusión, el aula puede ser un aliado silencioso o un obstáculo constante. Tomar conciencia de ello supone una responsabilidad, pero también una gran oportunidad para crear espacios que enseñen, cuiden y acompañen el aprendizaje. Sin duda, la neuroarquitectura ha marcado un antes y un después en mi manera de mirar el aula: no como un espacio fijo, pero sí como un entorno vivo, flexible y cargado de sentido educativo.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Loor Pincay, F. E., & Sánchez Pérez, M. (2025). Diseño de residencia en playa privada con espacios interactivos y multisensoriales infantiles (Trabajo fin de estudio, Máster Universitario en Herramientas y Tecnologías para el Diseño de Espacios Arquitectónicos Inteligentes, Universidad Internacional de La Rioja). Escuela Superior de Ingeniería y Tecnología.
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